Al hablar de evaluación, hacemos referencia automáticamente a la forma de cuantificar y llevar a nota lo que hemos aprendido en clases, a como medir la retención de información textual de los alumnos, y muchas veces dejamos de lado su real importancia, que es verificar la comprensión de lo que se les habla, no queriendo escuchar la repetición exacta de lo que se les hablo, sino que la idea de lo que se dijo, que asocien a sus conocimientos previos las nuevas temáticas y que desde ahí se generen nuevos conceptos, y se realice un verdadero proceso de enseñanza aprendizaje.
También existen algunas materias especificas, en las que se necesita la memorización exacta, por lo general de fechas o formulas matemáticas, las que también requieren del desarrollo del pensamiento lógico y relacionar lo aprendido a sucesos históricos o a otros cálculos, en los que igualmente se potencia y evalúa el desarrollo cognitivo de los alumnos.
Entonces, podemos entender el concepto de evaluación como un constante proceso que se realiza de forma sistemática, y que se enfoca básicamente a verificar los cambios de las conductas y rendimientos del alumnado, y a través de este se puede verificar los logros adquiridos en función de los objetivos propuestos. Lo que nos indica claramente que antes de evaluar debemos tener claro hacia donde queremos llegar con los nuevos contenidos y plantearnos objetivos claros de lo que pretendemos que los alumnos y alumnas aprendan.
Recordemos que los alumnos deben ser los protagonistas de su proceso de enseñanza- aprendizaje y en este caso de su evaluación, y al momento de evaluar debemos pensar en todas las posibles formas de captar que, lo que se les enseña es realmente aprendido por todos. Otro punto importante es que cada uno de ellos es único, por lo tanto se deben diseñar elementos evaluativos coherentes, que nos ayuden a valorar el progreso realizado por cada alumno, se quiere apreciar el avance del estudiante hacia el objetivo propuesto y la distancia que lo separó de él.
Una buena forma de evaluar el desempeño de un estudiante y en mi opinión la que reflejaría de forma real lo aprendido, es ampliando la gama de evaluaciones, es decir, generando diferentes instancias de valoración de lo aprendido, por ejemplo realizar evaluaciones orales, como debates, exposiciones o disertaciones. Y evaluaciones escritas, como las comunes pruebas, y otros más innovadoras por ejemplo ensayos, cuestionarios, o expresiones de opinión, entre otras; concibiendo formas de medición que permitan efectivamente confirmar que el proceso enseñanza-aprendizaje se realiza.
Con estos métodos evaluativos se beneficia al educando y al docente, ya que, como anteriormente se menciona, los alumnos son únicos, y cada uno tiene diversas capacidades, unas más desarrolladas que otras. Entonces si un alumno no es muy bueno redactando de forma escrita, puede reflejar lo aprendido de forma oral o explicar con ejemplos de cosas o situaciones más cercanas a el, o viceversa, y de esta forma se cumple el objetivo principal planteado por el docente al evaluar: comprobar que los contenidos fueron realmente internalizados por el alumnado y logra verificar que el aprendizaje realmente fue hecho.
De esta forma se comprueba que las planificaciones educativas deben ser flexibles, sobre todo al momento de evaluar, dada la individualidad tanto de docentes como de alumnos, considerando siempre las necesidades e intereses de los educandos y dinamizando la educación, modernizando el ir a clases y logrando efectivamente el proceso de enseñanza- aprendizaje
La modificación de las estrategias de evaluación puede contribuir, junto con otros medios, a avances en la democratización real de la enseñanza[1].
[1] Prof. Gabriel Molnar, Concepto de Evaluación Aplicada, www.chasque.net

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